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Comprimir y redimensionar imágenes para la web

Las imágenes suelen ser lo más pesado de una página, y buena parte de ese peso es evitable. Una foto recién salida del móvil puede tener cuatro mil píxeles de ancho y varios megabytes, mostrada en un hueco de unos seiscientos. La solución rara vez es un ajuste mágico: es una secuencia corta de decisiones, y la que la mayoría toca primero suele ser la que menos importa.

Primero redimensionar, después comprimir

La mayor ganancia está casi siempre en las dimensiones, no en la calidad. El tamaño del archivo escala con el número de píxeles, así que reducir a la mitad el ancho y el alto elimina alrededor de tres cuartas partes de los datos antes de aplicar compresión alguna. Guardar a 4000 píxeles una imagen que nunca se muestra por encima de 800 es pagar cuatro o cinco veces por píxeles que nadie ve.

Hazlo en ese orden. Comprimir una imagen enorme y luego reducirla en el navegador desperdicia justo el ancho de banda que querías ahorrar, y reducir después de comprimir con fuerza suele hacer más visibles los artefactos, no menos. Decide el tamaño máximo real de visualización, redimensiona a esa medida y solo entonces piensa en la calidad.

Elegir el formato

JPEG es para fotografías. Descarta detalle que el ojo percibe mal, lo que funciona de maravilla en degradados y tonos de piel y mal en bordes nítidos. PNG es sin pérdida y conserva cada píxel exactamente, lo que lo hace adecuado para capturas, logotipos, dibujo lineal y todo lo que necesite transparencia — e inadecuado para fotos, donde produce archivos varias veces mayores de lo necesario.

WebP cubre ambos casos y suele ser entre un 25% y un 35% más pequeño que un JPEG equivalente con calidad visual similar, con transparencia al estilo PNG. El soporte de los navegadores lleva años siendo universal, así que para la mayoría de sitios la respuesta honesta es: usa WebP y conserva el original como alternativa solo si debes soportar algo muy antiguo.

Qué hace en realidad el control de calidad

La calidad no es un porcentaje de nada significativo: es una perilla que regula con cuánta agresividad se descarta detalle, y la escala no es lineal. El rango interesante es estrecho: entre 75 y 85 la mayoría de las fotografías resultan indistinguibles del original al tamaño normal de visualización, mientras el archivo es una fracción del que produce la calidad 100. Por encima de 90 estás comprando bytes, no calidad visible.

La forma correcta de decidir es mirar, no adivinar. Exporta con un par de ajustes y compáralos al tamaño en que la imagen se mostrará realmente, no ampliada. Los artefactos evidentes al 400% con frecuencia son invisibles en su sitio, y juzgar con el zoom equivocado es el motivo más común de publicar imágenes dos o tres veces más grandes de lo necesario.

Recomprimir no sale gratis

Los formatos con pérdida se degradan cada vez que se vuelven a codificar. Abrir un JPEG, hacer un retoque y guardarlo otra vez descarta detalle por segunda vez, y las pérdidas se acumulan: ese aspecto empastado y con bloques de una imagen que ha pasado por varias rondas. Por eso se guarda un original con la máxima calidad y se exportan los derivados a partir de él, nunca de la copia exportada.

También significa que un archivo ya pequeño puede no comprimirse más de forma útil. Si una imagen ya pasó por un compresor, volver a pasarla suele cambiar calidad visible por un puñado de kilobytes. Comprueba cuánto has ganado en realidad antes de aceptar el resultado.

Elimina lo que no usas

Las fotografías arrastran metadatos que rara vez quieres publicar: modelo de cámara, ajustes, marcas de tiempo y, en los móviles, con frecuencia las coordenadas GPS de dónde se tomó la imagen. Es peso y a la vez un problema de privacidad, y sobrevive a las copias entre aplicaciones.

Una lista breve antes de publicar:

  • Redimensiona al mayor tamaño en que la imagen se vaya a mostrar realmente.
  • Prefiere WebP para fotos; deja PNG para capturas, logotipos y transparencia.
  • Prueba calidad 75–85 y compara al tamaño de visualización, no ampliada.
  • Exporta los derivados del original, nunca de una copia ya comprimida.
  • Elimina los metadatos EXIF —sobre todo la ubicación— de lo que vaya a ser público.

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